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13 de febrero de 2013

Nueva concertación, mismas políticas fracasadas

 
El pasado fin de semana se firmaba dicho acuerdo de concertación sin que se haya cambiado el concepto de lo que hasta hoy se sigue presentando como acuerdos, como consensos, como pactos sociales; y que siguen siendo, en realidad, la expresión de un mero reparto de subvenciones o fondos, sin compromisos reales en la dirección de generar prosperidad para Asturias.
 
Dice el Gobierno de Asturias que el hecho de que sea "habitual" la firma de acuerdos de concertación no debe hacer que éstos sean objeto de "olvido o menosprecio" dado que tienen una importante significado en un momento "tan difícil" como el actual.  ¿Que significado?. Ni es este momento ni en otro se ha logrado ningún objetivo de los anunciados (y nunca evaluados). El resultado esta a la vista de todos: Asturias ha alcanzado una cifra histórica de desempleo con más de 100.000 personas sin trabajo. Quizá algo se haya hecho mal en esos sucesivos pactos de concertación y debería revisarse, pero lo único que se hace es reeditar pactos y políticas que han sido un sonoro fracaso.
 
Abunda más el Gobierno de Asturias y dice que el pacto con sindicatos y empresarios pone en valor la capacidad de entendimiento de las partes para acordar un texto que es "una declaración contra la resignación y el abatimiento" que a dar una salida "diferente" a la crisis.  ¿Salida diferente?. Lo que aquí se concierta trae más de lo mismo: empleo precario, "ladrillismo" y como resultado final personas que, tras un breve espacio de contratación bajo el paraguas de la administración, vuelven a engrosar las listas del paro. No hay en ello declaración alguna contra la resignación y el abatimiento. Lo que si hay es una incapacidad total para acometer la autocrítica y asumir la responsabilidad en el fracaso de una concertación que no ha aportado nada a la generación de actividad empresarial y a la creación de empleo estable (salvo en la administración, claro).
 
Para rematar el Gobierno de Asturias dice lamentar que una iniciativa similar no se haya firmado a nivel nacional, apuntando que la concertación lanza a la sociedad "una señal nítida de estabilidad frente al justificado desasosiego de los ciudadanos" y constata la capacidad del Gobierno asturiano "de ofrecer una alternativa política al discurso único de la austeridad abrasiva". ¿Señal nítida?. ¿Alternativa?. Estas palabras sólo evidencian una cosa: que el único objetivo del Gobierno socialista de Asturias es hacer oposición al Gobierno de España. La alternativa a una fracasada concertación es plantear nuevos objetivos y nuevas políticas, no persistir en el error y buscar culpables fuera. Lo verdaderamente abrasivo es no tomar una dirección avalada por objetivos concretos y cuantificables en busca del incremento la actividad económica, el empleo y el dinamismo de nuestra sociedad. Lo verdaderamente abrasivo es seguir en el tiempo de pedir y no dar, en lugar de dar para exigir.
 
 

4 de enero de 2013

¡Basta ya de esconderse detrás del carbón!

Vuelven a revolver las aguas del carbón de Asturias quienes se han instalado en la mentira como norma de acción política para ocultar la nefasta gestión de la reconversión de la industria extractiva del carbón.
 
Basta de mentir a los asturianos y a dar falsas esperanzas: el futuro de la minería del carbón en Asturias es de sobra conocido, porque su camino ha sido trazado hace tiempo. Un camino con el que los socialistas, que ahora tanto braman en la búsqueda de un futuro para el sector, fueron anuentes. Sólo desde el más burdo electoralismo se puede mantener, como lo hace el Gobierno de Asturias, la negación a asumir que el final de la minería del carbón en España y Asturias es un proceso irreversible. Tan sólo se mantendrán unas pocas explotaciones (siguiendo criterios de costes de extracción y calidad del producto) que serán declaradas "estratégicas".
 
En ese camino trazado estaban los "fondos mineros" para reindustrializar las comarcas mineras y generar empleo alternativo. La reindistrualización ha sido imaginaria, la generación de empleo inexistente. Parcheos de infraestructuras, establecimientos hosteleros, polideportivos sin uso, centros de interpretación de lo minero y lo no minero, museos de lo más variopinto, polígonos industriales yermos de ocupantes y la propaganda y la promoción están a la vista; pero no han logrado, ni de lejos, cumplir el objetivo para el que fueron creados los fondos mineros. Y lo que es más grave: en muchas ocasiones se han utilizado para ejecutar inversiones que las administraciones debieran haber hecho con sus propios recursos. La demoledora comparación entre empleo perdido y empleo creado no admite discusión: 50-60% frente a 4-6%.
 
Quienes ahora anuncian nuevas movilizaciones sindicales, y quienes las apoyan desde sus puestos en los gobiernos locales y regional (actores todos ellos de la construcción de semejante desastre) deberían asumir su responsabilidad y dejar el descaro y la elocuencia pidiendo al Gobierno de España que revise y negocie el próximo Plan del Carbón. Ese planteamiento manifiesta la solapada intención de erigirse en "hacedores" de acuerdos del carbón que falsariamente salvan el sector, para seguir, de ese modo, soslayando su responsabilidad en el inane proceso de reconversión.

La resignación de quienes pretenden seguir gobernando Asturias bajo el letargo del subsidio, el sueño de la prejubilación y la cultura del mínimo esfuerzo no debe abocarnos a renunciar a una alternativa real, con políticas nuevas y diferentes a las fórmulas fracasadas y agotadas. Por ello, hay que exigirle al Gobierno de Asturias que actúe, que ponga encima de la mesa nuevas políticas e iniciativas propias, y deje de atecharse esperando a que la crisis y la decadencia de nuestra región desaparezcan, como quien espera que la tormenta escampe.

Asturias debe ser emprendora, o no será. Nuestra región tiene que hablar de cuestiones modernas y de futuro como la innovación, las nuevas tecnologías, la reducción de CO2   o la “economía verde”. Tiene que ser una Asturias totalmente distinta a la que nos ha tocado vivir, donde los jóvenes creen empleo en vez de buscarlo, una Asturias atractiva para invertir. La cultura de "la fabricona" como columna vertebral de nuestra economía regional es un capítulo pasado de la historia de Asturias, que debe afrontar el futuro abriéndose hacia el exterior y dando un giro de ciento ochenta grados en el rumbo que hemos seguido destruyendo empleo en lugar de crearlo.

28 de diciembre de 2012

Unos presupuestos fallidos

Transcurre en esta mañana del día de los Santos Inocentes en la Junta General  del Principado de Asturias el debate de enmiendas para aprobar los presupuestos para el año 2013. La distribución de las fuerzas parlamentarias augura que al terminar la sesión, la unión del tripartito PSOE-IU-UPyD logrará la aprobación de unas cuentas que, por concitar el apoyo mayoritario, no dejan de ser fallidas para nuestra región.
 
Son unos presupuestos que renuncian a combatir la crisis económica y financiera en que nos hallamos, además de incrementar un año más de forma injustificada la presión fiscal. Unos presupuestos que dedican 2,5 veces más de recursos a la deuda (392 millones) que a estimular la economía y el empleo (150 millones). Unos recursos donde la inversión real (364 millones) también es inferior a lo presupuestado a la deuda, cuyos intereses crecen  desde los 97 millones actuales a los 167 presupuestados para 2013.
 
Son unos presupuestos que renuncian a la disciplina presupuestaria, a la eliminación de duplicidades y solapamientos y a establecer medidas de racionalización del sector público que garanticen la viabilidad de las cuentas de nuestra región y permitan dedicar los recursos públicos a las necesidades reales de Asturias.
 
Son unos presupuestos que se han construido para seguir manteniendo el entramado administrativo que durante treinta años han tejido los sucesivos gobiernos de la izquierda en nuestra región y al que no están dispuestos a renunciar; y para cuyo mantenimiento aplican recortes a la educación y la sanidad, sin rubor y, por descontado, culpando a Rajoy de todos los males. Asturias tiene un Gobierno que, casi seis meses después de su constitución, no ha empezado a gobernar y se limita a buscar culpables de su inactividad fuera de la región, dedicándose en exclusiva a hacer oposición al Gobierno de España. Y la casa sin barrer.
 
Cuando se elabora un presupuesto uno debe pensar que sólo en función de los ingresos se puede definir lo que puedo gastar. El Gobierno socialista de Asturias sigue haciéndolo al revés. De ahí a gastar más de lo que se ingresa solo hay un pequeño paso. Claro ejemplo de ello es ver como, no llegando los ingresos para cubrir los gastos presupuestados, se saca de la manga el "impuesto a la banca" al grito de "¡atenme ustedes por el rabo la unidad de mercado, la armonización fiscal y la unión bancaria europea!". El mensaje tranquilizador es más preocupante que la propia técnica fiscal: "este impuesto no repercutirá en los ciudadanos". Sería el primer caso en el historia.
 
Si todo esto, como decía, es preocupante, la mayor inquietud nos asalta al determinar para que sirven estos presupuestos. La realidad es más dura, si cabe, que las cifras escritas en el papel que todo lo aguanta: estas cuentas regionales sirven para dar continuidad a treinta años de políticas fracasadas que nos han traído hasta aquí; las políticas que no han logrado paliar el desempleo, las políticas que no han activado la economía, las que han sido incapaces de establecer un programa industrial para la región, las políticas que se han limitado a co-financiar programas europeos para la agricultura y ganadería y no han generado ni un sólo programa propio. Las políticas, en fin, que no han sacado a Asturias del letargo del subsidio, el sueño de la pre-jubilación y la cultura del mínimo esfuerzo.
 
Hace unos días el portavoz de UPyD en la Junta General calificaba de "suicidio" la expectativa de una prórroga presupuestaria. El verdadero suicidio de esta región es seguir en lo mismo, en la resignación y el deterioro de una región sin iniciativa ni liderazgo político. Una región que se conforma con formulas agotadas que nos han llevado a la Asturias del paro, de la mano de una administración socialista incapaz de dinamizar la reversión del lento declive de nuestra región, que cuenta cada vez menos en el conjunto de España.

26 de noviembre de 2012

Artur Mas ha hecho un Álvarez-Cascos



Cataluña y Asturias han tenido la mala suerte de compartir el destino. Sus Presidentes autonómicos decidieron escenificar su incapacidad para gestionar las competencias que conllevaba su cargo, y sometieron a sus regiones a una cita electoral anticipada tan inútil como preocupante.

Los resultados saltan a la vista: Artur Mas ha dejado a Cataluña en manos de la radicalidad. Sin entonar el más mínimo mea culpa compareció la noche electoral para decir: tomamos nota, nos sentimos obligados a gobernar estos cuatro años y si hay alguien que quiera independencia tendrá que hacerlo desde la corresponsabilidad del Gobierno de la Generalitat. CIU ya se ha dejado demasiadas plumas en la astracanada de la ensoñación de la "Cataluña independiente en Europa", y le dice a los demás que quieran continuar por ese camino que "para pescar Rodaballo, hay que mojarse el carallo". Es cierto que CIU, con Mas a la cabeza, ha ganado las elecciones. No es menos cierto que su irresponsabilidad y la radicalidad de su discurso ha abierto la peor crisis institucional de España y deja a Cataluña ingobernable en manos de ERC y con el mandato en la mano para la convocatoria del ilegal referéndum independentista. En esa circunstancias nadie gana en estas elecciones, sino que todos perdemos, Cataluña y España.

Francisco Álvarez-Cascos no quiso negociar un presupuesto regional para Asturias. Desde su posición de infalibilidad, situó al orgullo como la principal de sus prioridades y lo acentuó con la idea de que con ello se evitaba la crisis de la cual nadie podía sacar a nuestra región de otro modo. De poco sirvió solicitarle un documento inicial de negociación o de apelar a la grandeza de dejarse ayudar ante la tesitura de dejar a Asturias sin un presupuesto regional. La tarde del día en que se evidenció su enrocamiento en su posición parlamentaria minoritaria, negándose a retirar el presupuesto regional para renegociarlo, ante la presentación de tres enmiendas a la totalidad, decidió convocar elecciones anticipadas. Su irresponsabilidad devolvió el Gobierno a los socialistas, que llevan treinta años sumiendo a Asturias en la más absoluta decadencia dilapidando fondos públicos, cuyo resultado es el páramo de actividad empresarial y la galopante destrucción de empleo que asola la región. Y en esa circunstancia nadie ganó en aquellas elecciones, sino que todos perdimos, Asturias y España.

Tanto a Cataluña como a Asturias se las ha sometido a la trituradora del estado electoral permanente y las consecuencias del fracaso electoral de Mas y Cascos, en su ansia de tener permanentemente metido el dedo en el ojo del Gobierno de España, las pagamos catalanes y asturianos. La tentación de achacar estas consecuencias al modelo territorial y de financiación autonómica es en este momento el recurso fácil. Cuando se creó el modelo autonómico no se busco un modelo perfecto, ni nuestra Constitución buscó dar resueltos problemas que, en realidad, no lo estaban. En lo que si se constituyeron fue en los instrumentos de convivencia común en los que debimos avanzar, pero que algunos se ocuparon de debilitar, antes que reforzar; en aprovecharse de sus imperfecciones, antes que en trabajar por construir en el proyecto común de España. 

Por ello, tenemos que reforzar los conceptos de unidad de España, solidaridad territorial y descentralización administrativa. Y esa tarea pasa por combatir la falta de compromiso con esos conceptos de quienes utilizan arteramente el victimismos y los prejuicios hacia el Estado español, culpando a éste de los problemas que padece cada región. En ese combate está la clave de la superación de la crisis, en la aplicación de las medidas necesarias para volver a la senda del crecimiento tras años de despilfarro e imprevisión. De otro modo reflejaremos que no hemos entendido nada de lo que ha pasado.

13 de noviembre de 2012

¡Visca Catalunya espanyola!

El pasado 22 de mayo Javier Fernández intervenía en el Pleno de elección de elección del Presidente del Principado de Asturias en la Junta General. En su discurso, el ahora Presidente del Principado de Asturias, no hizo ni una sola mención a la situación territorial del Estado, ni sobre la deriva independentista que tanto desde el País Vacos como desde Cataluña venían a introducir el discurso oportunista de dos representantes autonómicos que, incapaces de gestionar sus propias competencias, decidieron centrifugar su inane gestión en la lavadora de una contienda electoral.

Ni en esa ocasión, ni en los meses posteriores, hemos oido de boca del Presidente de todos los asturianos pronunciamiento sobre ello. Oirle resulta dificil, es cierto, dado que el silencio es la seña de identidad de su mandato, fruto de que nada tiene que decir ni explicar, porque nada está haciendo. 

Como español y como asturiano -español por dos veces- espero que mi Presidente, el Presidente de todos los asturianos, se posicione claramente frente a quienes ponen en duda la continuidad del proyecto común que se llama España.

Del mismo modo que es seguidista con su partido construyendo argumentos en contra del Gobierno de España, Javier Fernández es seguidista en mantener la tibieza, reforzada por su sepulcral silencio, frente a quienes huyen de su responsabilidad planteando ahora la independencia, proyecto soberanista, o como quiera llamarse, como solución a la situación de un Estado autonómico que han colaborado a que sea inviable, paradojicamente, desde el ejercicio de las responsabilidades de Gobierno que los ciudadanos han puesto en sus manos.

Del Presidente de Asturias esperabamos un pronunciamiento sin ambajes frente a los que cada día anteponen los derechos territoriales a los de las personas y tratan de convencernos de que el principio democrático impide oponer obstaculos a la voluntad sececionista territorializada.

De Javier Fernández esperabamos rotundidad frente a los que actuan como si fueran entidades soberanas con la potestad para prohibir y censurar intentos de intervención en sus asuntos internos por parte de otros; frente a los que inventan un devenir específico y autónomo, que antepone las raices a los valores para resaltar las diferencias, incluso cuando estas son mínimas o inexistentes.

Del Gobierno de Asturias, y del partido que lo sustenta, esperabamos que se posicionase frente a quienes amenazan a España, a su Constitución y a su integridad, y pretenden hacer saltar por los aires los ideales de solidaridad e integración humana, provenientes tanto de la tradición liberal como de la socialdemócrata,  sobre los que se fundamenta nuestra nación y nuestra pertenencia a Europa.

En este tiempo de críticas a la Constitución Española, que la tachan de ambigua y denuncian sus lagunas, hay que recordar que nuestra Carta Magna no buscó dar resueltos problemas que, en realidad, no lo estaban. Lo que si hizo fue señalar el camino para su encauzamiento y la meta final. Adolfo Suárez lo expresó así: "A nadie se le impuso la autonomía, pero a todas las nacionalidades y regiones se les reconoció el derecho a acceder a ella y asumir las cuotas más altas de autogobierno".

Y es que, como también dijo Adolfo Suárez, "no hay estructura política que soporte la inseguridad jurídica derivada de catorce o quince regímenes diversos de distribución y asunción de competencias de diferentes materias. Ni hay tampoco estructura económica unitaria que aguante la parcelación artificial del espacio y del mercado a base de políticas financieras, restrictivas o de incentivación diversas". En esta posición también esperabamos al Presidente de Asturias. Pero como Vladimir y Estragon, los asturianos seguiremos esperando a nuestro particular Godot, a Javier Fernández.