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28 de diciembre de 2012

Unos presupuestos fallidos

Transcurre en esta mañana del día de los Santos Inocentes en la Junta General  del Principado de Asturias el debate de enmiendas para aprobar los presupuestos para el año 2013. La distribución de las fuerzas parlamentarias augura que al terminar la sesión, la unión del tripartito PSOE-IU-UPyD logrará la aprobación de unas cuentas que, por concitar el apoyo mayoritario, no dejan de ser fallidas para nuestra región.
 
Son unos presupuestos que renuncian a combatir la crisis económica y financiera en que nos hallamos, además de incrementar un año más de forma injustificada la presión fiscal. Unos presupuestos que dedican 2,5 veces más de recursos a la deuda (392 millones) que a estimular la economía y el empleo (150 millones). Unos recursos donde la inversión real (364 millones) también es inferior a lo presupuestado a la deuda, cuyos intereses crecen  desde los 97 millones actuales a los 167 presupuestados para 2013.
 
Son unos presupuestos que renuncian a la disciplina presupuestaria, a la eliminación de duplicidades y solapamientos y a establecer medidas de racionalización del sector público que garanticen la viabilidad de las cuentas de nuestra región y permitan dedicar los recursos públicos a las necesidades reales de Asturias.
 
Son unos presupuestos que se han construido para seguir manteniendo el entramado administrativo que durante treinta años han tejido los sucesivos gobiernos de la izquierda en nuestra región y al que no están dispuestos a renunciar; y para cuyo mantenimiento aplican recortes a la educación y la sanidad, sin rubor y, por descontado, culpando a Rajoy de todos los males. Asturias tiene un Gobierno que, casi seis meses después de su constitución, no ha empezado a gobernar y se limita a buscar culpables de su inactividad fuera de la región, dedicándose en exclusiva a hacer oposición al Gobierno de España. Y la casa sin barrer.
 
Cuando se elabora un presupuesto uno debe pensar que sólo en función de los ingresos se puede definir lo que puedo gastar. El Gobierno socialista de Asturias sigue haciéndolo al revés. De ahí a gastar más de lo que se ingresa solo hay un pequeño paso. Claro ejemplo de ello es ver como, no llegando los ingresos para cubrir los gastos presupuestados, se saca de la manga el "impuesto a la banca" al grito de "¡atenme ustedes por el rabo la unidad de mercado, la armonización fiscal y la unión bancaria europea!". El mensaje tranquilizador es más preocupante que la propia técnica fiscal: "este impuesto no repercutirá en los ciudadanos". Sería el primer caso en el historia.
 
Si todo esto, como decía, es preocupante, la mayor inquietud nos asalta al determinar para que sirven estos presupuestos. La realidad es más dura, si cabe, que las cifras escritas en el papel que todo lo aguanta: estas cuentas regionales sirven para dar continuidad a treinta años de políticas fracasadas que nos han traído hasta aquí; las políticas que no han logrado paliar el desempleo, las políticas que no han activado la economía, las que han sido incapaces de establecer un programa industrial para la región, las políticas que se han limitado a co-financiar programas europeos para la agricultura y ganadería y no han generado ni un sólo programa propio. Las políticas, en fin, que no han sacado a Asturias del letargo del subsidio, el sueño de la pre-jubilación y la cultura del mínimo esfuerzo.
 
Hace unos días el portavoz de UPyD en la Junta General calificaba de "suicidio" la expectativa de una prórroga presupuestaria. El verdadero suicidio de esta región es seguir en lo mismo, en la resignación y el deterioro de una región sin iniciativa ni liderazgo político. Una región que se conforma con formulas agotadas que nos han llevado a la Asturias del paro, de la mano de una administración socialista incapaz de dinamizar la reversión del lento declive de nuestra región, que cuenta cada vez menos en el conjunto de España.

26 de noviembre de 2012

Artur Mas ha hecho un Álvarez-Cascos



Cataluña y Asturias han tenido la mala suerte de compartir el destino. Sus Presidentes autonómicos decidieron escenificar su incapacidad para gestionar las competencias que conllevaba su cargo, y sometieron a sus regiones a una cita electoral anticipada tan inútil como preocupante.

Los resultados saltan a la vista: Artur Mas ha dejado a Cataluña en manos de la radicalidad. Sin entonar el más mínimo mea culpa compareció la noche electoral para decir: tomamos nota, nos sentimos obligados a gobernar estos cuatro años y si hay alguien que quiera independencia tendrá que hacerlo desde la corresponsabilidad del Gobierno de la Generalitat. CIU ya se ha dejado demasiadas plumas en la astracanada de la ensoñación de la "Cataluña independiente en Europa", y le dice a los demás que quieran continuar por ese camino que "para pescar Rodaballo, hay que mojarse el carallo". Es cierto que CIU, con Mas a la cabeza, ha ganado las elecciones. No es menos cierto que su irresponsabilidad y la radicalidad de su discurso ha abierto la peor crisis institucional de España y deja a Cataluña ingobernable en manos de ERC y con el mandato en la mano para la convocatoria del ilegal referéndum independentista. En esa circunstancias nadie gana en estas elecciones, sino que todos perdemos, Cataluña y España.

Francisco Álvarez-Cascos no quiso negociar un presupuesto regional para Asturias. Desde su posición de infalibilidad, situó al orgullo como la principal de sus prioridades y lo acentuó con la idea de que con ello se evitaba la crisis de la cual nadie podía sacar a nuestra región de otro modo. De poco sirvió solicitarle un documento inicial de negociación o de apelar a la grandeza de dejarse ayudar ante la tesitura de dejar a Asturias sin un presupuesto regional. La tarde del día en que se evidenció su enrocamiento en su posición parlamentaria minoritaria, negándose a retirar el presupuesto regional para renegociarlo, ante la presentación de tres enmiendas a la totalidad, decidió convocar elecciones anticipadas. Su irresponsabilidad devolvió el Gobierno a los socialistas, que llevan treinta años sumiendo a Asturias en la más absoluta decadencia dilapidando fondos públicos, cuyo resultado es el páramo de actividad empresarial y la galopante destrucción de empleo que asola la región. Y en esa circunstancia nadie ganó en aquellas elecciones, sino que todos perdimos, Asturias y España.

Tanto a Cataluña como a Asturias se las ha sometido a la trituradora del estado electoral permanente y las consecuencias del fracaso electoral de Mas y Cascos, en su ansia de tener permanentemente metido el dedo en el ojo del Gobierno de España, las pagamos catalanes y asturianos. La tentación de achacar estas consecuencias al modelo territorial y de financiación autonómica es en este momento el recurso fácil. Cuando se creó el modelo autonómico no se busco un modelo perfecto, ni nuestra Constitución buscó dar resueltos problemas que, en realidad, no lo estaban. En lo que si se constituyeron fue en los instrumentos de convivencia común en los que debimos avanzar, pero que algunos se ocuparon de debilitar, antes que reforzar; en aprovecharse de sus imperfecciones, antes que en trabajar por construir en el proyecto común de España. 

Por ello, tenemos que reforzar los conceptos de unidad de España, solidaridad territorial y descentralización administrativa. Y esa tarea pasa por combatir la falta de compromiso con esos conceptos de quienes utilizan arteramente el victimismos y los prejuicios hacia el Estado español, culpando a éste de los problemas que padece cada región. En ese combate está la clave de la superación de la crisis, en la aplicación de las medidas necesarias para volver a la senda del crecimiento tras años de despilfarro e imprevisión. De otro modo reflejaremos que no hemos entendido nada de lo que ha pasado.

13 de noviembre de 2012

¡Visca Catalunya espanyola!

El pasado 22 de mayo Javier Fernández intervenía en el Pleno de elección de elección del Presidente del Principado de Asturias en la Junta General. En su discurso, el ahora Presidente del Principado de Asturias, no hizo ni una sola mención a la situación territorial del Estado, ni sobre la deriva independentista que tanto desde el País Vacos como desde Cataluña venían a introducir el discurso oportunista de dos representantes autonómicos que, incapaces de gestionar sus propias competencias, decidieron centrifugar su inane gestión en la lavadora de una contienda electoral.

Ni en esa ocasión, ni en los meses posteriores, hemos oido de boca del Presidente de todos los asturianos pronunciamiento sobre ello. Oirle resulta dificil, es cierto, dado que el silencio es la seña de identidad de su mandato, fruto de que nada tiene que decir ni explicar, porque nada está haciendo. 

Como español y como asturiano -español por dos veces- espero que mi Presidente, el Presidente de todos los asturianos, se posicione claramente frente a quienes ponen en duda la continuidad del proyecto común que se llama España.

Del mismo modo que es seguidista con su partido construyendo argumentos en contra del Gobierno de España, Javier Fernández es seguidista en mantener la tibieza, reforzada por su sepulcral silencio, frente a quienes huyen de su responsabilidad planteando ahora la independencia, proyecto soberanista, o como quiera llamarse, como solución a la situación de un Estado autonómico que han colaborado a que sea inviable, paradojicamente, desde el ejercicio de las responsabilidades de Gobierno que los ciudadanos han puesto en sus manos.

Del Presidente de Asturias esperabamos un pronunciamiento sin ambajes frente a los que cada día anteponen los derechos territoriales a los de las personas y tratan de convencernos de que el principio democrático impide oponer obstaculos a la voluntad sececionista territorializada.

De Javier Fernández esperabamos rotundidad frente a los que actuan como si fueran entidades soberanas con la potestad para prohibir y censurar intentos de intervención en sus asuntos internos por parte de otros; frente a los que inventan un devenir específico y autónomo, que antepone las raices a los valores para resaltar las diferencias, incluso cuando estas son mínimas o inexistentes.

Del Gobierno de Asturias, y del partido que lo sustenta, esperabamos que se posicionase frente a quienes amenazan a España, a su Constitución y a su integridad, y pretenden hacer saltar por los aires los ideales de solidaridad e integración humana, provenientes tanto de la tradición liberal como de la socialdemócrata,  sobre los que se fundamenta nuestra nación y nuestra pertenencia a Europa.

En este tiempo de críticas a la Constitución Española, que la tachan de ambigua y denuncian sus lagunas, hay que recordar que nuestra Carta Magna no buscó dar resueltos problemas que, en realidad, no lo estaban. Lo que si hizo fue señalar el camino para su encauzamiento y la meta final. Adolfo Suárez lo expresó así: "A nadie se le impuso la autonomía, pero a todas las nacionalidades y regiones se les reconoció el derecho a acceder a ella y asumir las cuotas más altas de autogobierno".

Y es que, como también dijo Adolfo Suárez, "no hay estructura política que soporte la inseguridad jurídica derivada de catorce o quince regímenes diversos de distribución y asunción de competencias de diferentes materias. Ni hay tampoco estructura económica unitaria que aguante la parcelación artificial del espacio y del mercado a base de políticas financieras, restrictivas o de incentivación diversas". En esta posición también esperabamos al Presidente de Asturias. Pero como Vladimir y Estragon, los asturianos seguiremos esperando a nuestro particular Godot, a Javier Fernández.

12 de noviembre de 2012

El lobo, ¿especie cinegética?

Transcurren los meses y el lobo sigue llenando páginas de los periódicos por los ataques a las cabañas ganaderas, por las batidas organizadas para controlar su población y por la discusión sobre si debe declararse especie cinegética o no. La beligerancia  de algunos discursos lleva a declararlo como una plaga que, como las ratas, debe atajarse pues su presencia es -dicen- innecesaria y ha venido a alterar nuestra pacifica convivencia de los últimos cien años desequilibrando la naturaleza y usurpando, con su faceta predadora,  la labor del hombre para mantener el equilibrio de las especies. ¡Casi nada!.

La realidad es que si la población del lobo ha ido en aumento es porque en los últimos 40 años ha existido una gran migración de las personas del campo a las ciudades, y esta ausencia ha llevado a la regeneración de la vegetación natural en las antiguas zonas agrícolas y el enorme aumento de las especies que les sirven de presas a los lobos ibéricos, principalmente el corzo y el jabalí. El lobo ha evolucionado en la medida en que lo han hecho sus presas.
 
Tratar este asunto exige alejarse de posturas extremistas y evitar tanto los enamoramientos sobreprotectores de la especie como la sobrevaloración de los daños que la especie causa. El lobo es un depredador que mata para comerse una pequeña parte de lo que sacrifica, y en el camino de búsqueda de sus presas encuentra las fáciles, las cabañas de ganado cuyos daños son los que más impacto mediático tienen. Sin embargo en una estadística global, los daños que causa el lobo son, en procentaje, inferiores al índice de mortandad de las especies que sufren sus ataques. Ese porcentaje es, sin embargo, preocupante cuando lo circunscribimos a un sólo productor ganadero: que el ataque de un lobo merme un 20% las reses de un sólo ganadero es una tragedia para un sector ya de por sí castigado por la situación de crisis que vivimos.
 
Pero el lobo no sólo ataca al ganado, también ataca a las especies protegidas, y son muchos los cotos de caza que sufren sus ataques y sus daños, aunque no son tan mediáticamente relevantes, también son cuantiosos para los cazadores que mantienen esas poblaciones de corzos y jabalíes.
 
Por ello, defender como solución la declaración del lobo como especie cinegética es confundir. Los lobos seguirán causando daños y habrá que seguir pagándolos. Como habrá que seguir pagando los daños de los perros asilvestrados. Y la cuestión es que cuando pagase la administración todos los ataques serían de perros asilvestrados, y cuando pagase el cazador, todos los ataques serían de lobos. La cosa cambia ¿verdad?. Además hay que tener en cuenta los costes de la caza: en un aguardo entre la reserva del precinto, el abate, los cebos y el guía sumarían 3.400 euros por cada ejemplar. ¿Cuantas ovejas y cuantas vacas podrían indemnizarse con ese dinero? Trasladar la obligatoriedad de las indemnizaciones al colectivo social de la caza tendría efectos determinantes negativos cifrados en cuantía económica, para algunas de las sociedades locales de cazadores que registran en sus terrenos de caza la mayor presencia de este cánido. ¿Que se pretende convertir al lobo en un negocio para la administración y trasladar los gastos de sus daños a los cazadores?. Proque eso es, ni mas ni menos, el resultado de declarar al lobo especie cinegética.
 
La solución no pasa por medidas radicales y aisladas. Y como no nos podemos permitir no convivir con el lobo, dado que existe una normativa europea y nacional que nos obliga a ello, las medidas a aplicar tienen que recaer en establecer una compatibilización, donde el centro de atención sea el ganadero -sobre el que tienen que focalizarse las medidas protectoras sobre sus explotaciones- y donde el lobo esté integrado en ecosistemas, como los que disponemos en toda la península ibérica, que tienen buena salud y equilibro. Ese territorio será tanto más sostenible cuanto más se ponga el valor la compatibilidad entre el ganadero, el cazador y el lobo. Medidas que pasan por circunscribir el habitat del lobo a espacios protegidos donde se les garantice la alimentación y que pasan, también, por la dotación y apoyo a medidas disuasorias de ataques al ganado, tales como pastores, arneses, zonas de recogida de ganado, etc; que minimicen el daño al mundo rural.

17 de septiembre de 2012

Asturias, sociedad y valores. Mi proyecto para el Partido Popular


La presentación de mi candidatura a la Presidencia del Partido Popular de Asturias responde a un larga reflexión compartida con amigos y militantes de toda Asturias y de diferentes lugares de España. Como todos los afiliados y simpatizantes he vivido con mucho dolor las diferentes crisis internas que nos han apartado de la sociedad asturiana y de la evolución que el Partido Popular ha tenido en toda España.

Me presento porque no me resigno a que el Partido Popular sea la tercera fuerza política en Asturias; no me resigno a no presentar una alternativa real a los asturianos, con políticas nuevas y diferentes a las fórmulas ya agotadas. No me resigno a una Asturias del paro y agotada por una administración incapaz de dinamizar la resignación.

No me resigno a un Partido Popular paralizado, sin vida interna o reducida sólo al momento en que se ocupan cargos de responsabilidad; ensimismado en sus problemas internos y en el que los equipos y los métodos de trabajo hace tiempo que dieron todo lo que podían dar de sí.

Me presento porque quiero un Partido Popular donde todas las juntas locales cuenten; donde todos los afiliados sepan que su voz será escuchada y sus derechos respetados.

Un proyecto de rehabilitación ciudadana de nuestro partido, de regeneración y renovación de equipos y sistemas de trabajo, de apertura del PP a la sociedad asturiana, para mirar hacia el futuro, desde la posición en la que nos han colocado las urnas, y hacer creíble nuestro proyecto para optar a obtener el respaldo mayoritario de los asturianos.

Con “Asturias, sociedad y valores” expresamos una idea, definimos tres principios básicos que se pueden enmarcar dentro de nuestro referente político.

Sociedad y valores es el título de uno de los últimos libros escritos por Don Manuel Fraga. De esta manera rendimos un homenaje al fundador del Partido Popular, demostrando que buscamos la continuidad de nuestro proyecto político desde la continua renovación. Al tiempo, sociedad y valores define aspectos fundamentales para el Partido Popular. El PP es un proyecto político que busca dirigirse a toda la sociedad, que, por sus raíces liberales, aspira a  que esta se desarrolle y crezca frente a los límites que siempre tiende a poner el socialista, bien de izquierdas o de derechas.

Por último, con valores se quiere expresar que nuestras propuestas responden a unos principios expuestos en el ideario del Partido Popular (humanismo cristiano, liberalismo y reformismo) y no a las ocurrencias de una o varias personas.

Me presento en el ejercicio de la democracia interna, algo propio de la mejor tradición democrática liberal que políticamente me inspira. Me presento porque quiero trabajar por una Asturias mejor, por un mejor Partido Popular y por mi país.

Soy consciente de las dificultades del reto que me propongo. Este camino no podré hacerlo solo, sino con el apoyo de todos los militantes y simpatizantes del PP. Ahora viviremos nuestro momento de debate, el día 4 de noviembre comenzará la época de trabajo, donde yo estaré allá donde me pongan los votos de los compromisarios.

Si logro ser el nuevo presidente del Partido Popular me comprometo a trabajar para que la elección del próximo candidato a la presidencia del Principado de Asturias, a las alcaldías de los 78 concejos así como los cabezas de lista en las elecciones para el Senado y el Congreso sea a través de un sistema de primarias.

Si obtengo el respaldo mayoritario en el Congreso, me comprometo a permanecer en el cargo un máximo de ocho años e introducir en los estatutos autonómicos una limitación de dos mandatos para los cargos autonómicos.

Me comprometo a celebrar antes de las próximas elecciones autonómicas sendas convenciones que nos permitan enriquecer, con la propuestas de todos los afiliados, las ponencias marco de este Congreso, y abiertas a la sociedad civil asturiana.

Y me comprometo a que, antes de las próximas elecciones autonómicas, compareceré en un nuevo congreso regional para dar cuenta de mi gestión y del cumplimiento de mis palabras.

Por estos motivos desde hoy reclamaré el apoyo de todos los compromisarios y afiliados del Partido Popular.

Quizá a alguno le asusten los cambios, a mi me asusta más vivir en lo mismo.