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7 de abril de 2016

Reforma electoral: sí, con la que está cayendo

De puras conveniencias tácticas, la Gran Revolución hizo axiomas. Ya es hora de devolver el sentido común a los principios originales de la democracia.
Antonio García-Trevijano

En su Teoría general del negocio jurídico, el jurista italiano Emilio Betti explica el concepto de representación, cuya plenitud se alcanza con la conjunción de tres elementos: la relación interna entre poderdante y apoderado, el carácter imperativo del mandato y la publicidad de ese mandato-representación. Trasladados al ámbito de la representación política, este trío indisoluble debe completarse con otros tres requisitos para que pueda calificarse como representativo un sistema electoral en un escenario de democracia formal plena: la libertad de elegir (sufragio activo), la libertad de ser elegido (sufragio pasivo) y la ausencia de fraude en el proceso electoral.
Desde ese enfoque, nuestro vigente sistema electoral proporcional no es representativo. El votante no está representado, el ciudadano tampoco. Vota a uno de los partidos, para que de las urnas salga la cuota que le debe corresponder en el poder ejecutivo, en el legislativo, en el judicial y en los consejos de administración de las empresas públicas. Esta evidencia se pone de manifiesto con la simple descripción de la realidad española de los últimos treinta años, y permite comprobar sus devastadoras consecuencias. Un día cualquiera en el Congreso de los Diputados, o en cualquiera de las asambleas autonómicas, un observador encontrará decenas de parlamentarios dando ruidosamente su apoyo al Presidente. Y sin embargo, por definición de lo que se entiende por política normal, nada de esto sucede. La mayoría de la población presta una atención escasa a los debates parlamentarios; en el mejor de los casos, las políticas de los gobiernos pueden tener el apoyo blando de una mayoría de la ciudadanía privada. Esto no significa que la oposición lo haga mucho mejor. De hecho, la idea misma de que la opinión pública está claramente dividida entre una opinión mayoritaria y un punto de vista minoritario unificado es una pura invención.
En suma, nuestro sistema parlamentario trata de ignorar el argumento dualista fundamental sobre la política normal: el propio Pueblo se ha retirado de la vida pública. En lugar de subrayar la forma problemática en que los políticos representan normalmente a la ciudadanía predomiantemente privada, nuestro sistema parlamentario permite que el partido gobernante proyecte una imagen de compromiso nacional movilizado que, en realidad, no existe. El enfático y repetitivo espectáculo de pastoreo y manifestación de rebaño que cada día vivimos en los parlamentos, nacional y autonómicos, contrasta extrañamente con la apatía de la ciudadanía y la convicción fraccional imperante.

21 de diciembre de 2015

Ganar perdiendo y viceversa

“La política no es un escenario para mentir a la gente con datos falsos, hay que reconocer los problemas para que juntos encontremos la mejor solución”. 
Mauricio Macri


Doscientos años antes de Cristo, un rey de Macedonia abonaba su leyenda venciendo en un par de ocasiones a una ya expansiva y arrolladora República Romana. Sin duda una heroicidad merecedora de entrar en los anales de la Historia. Sin embargo, Pirro de Epiro, que así se llamaba el monarca, será recordado para siempre como el tipo que ganaba perdiendo y viceversa. Los daños de la batalla, a pesar de salir victorioso sobre el papel, le condenaban a una derrota a largo plazo.
La izquierda ha vuelto a vencer en Asturias. Su división no ha evitado que su suma, de votos y de escaños, siga siendo la fuerza política e ideológica prevalente en nuestra región. La misma suma que, cuando toca ocupar alcaldías y presidencias de Comunidades Autónomas, siempre se produce. Por ello, hablar de “victoria” frente a esa evidencia, por el hecho de haber logrado más votos y escaños que los sumandos de la izquierda por separado, es ponerse en la misma tesitura que Pirro: venciendo pero perdiendo. 

12 de enero de 2015

¿Los mejores en qué?

Cada inicio de un proceso electoral, cuyo primer capítulo suele ser la selección de candidatos, es abierto indefectiblemente con el discurso “los mejores” y la manida referencia a Ortega y Gasset, como si introduciendo en el discurso la referencia a nuestra gloriosa generación del catorce, bastase para investir de infalibilidad lo que se pregona. Hacerlo así lleva a caer, con Ortega, en tres grandes vicios: confundir los problemas, compararlos con referencias irreales y agregarlos en términos inmanejables.

Apelando al discurso de “los mejores” se invierte la lógica; porque además de no realizarse un proceso de selección con criterios objetivos y democráticos (esos “mejores” son elegidos por unos pocos elegidos por otros menos) a continuación, se les califica de «mejores». Es decir, los elegidos no lo son por ser los mejores, sino que son los mejores por ser los elegidos.

Pero además nunca se explica en qué son los mejores, o simplemente se establecen referencias irreales o asociadas a un gran currículo académico. Las cualidades necesarias para que el político logre sus objetivos puede que ni aparezcan en su currículo, pero son, en cambio, las que definirán su éxito político: el afán reformador, la lealtad a sus principios y valores, su carácter para afrontar críticas y su capacidad para explicar sus decisiones. Y estas cualidades solo pueden evidenciarse mediante procesos de elección democrática, no compareciendo ante un sanedrín.

La política es fundamentalmente una cuestión de confrontación, no exclusivamente de gestión. Investir a un candidato como “el mejor” nada más ser designado, da a entender que se les sitúa por encima de la contienda política bajo una visión fundamentalmente tecnocrática. Pero no hay que olvidar que los debates políticos no los gana quien tiene razón, sino aquel que logra que se la den dando la batalla de las ideas, justificando sus actos y criticando al contrario. En esta senda, a los mejores no los encontraremos en oscuros despachos, ni en modernos casting más propios de los ‘talent show’; sino estableciendo procesos democráticos de elección de candidatos, donde se confronten los diferentes perfiles y donde sea la elección democrática de todos (y no de unos pocos) quien incentive que los candidatos tengan que demostrar su capacidad para emprender y llevar a buen término reformas.

Poca, o ninguna, ambición colectiva puede alcanzarse cuando la elección de los candidatos a los procesos electorales se basa en que los afiliados a un partido tengan el sagrado privilegio de ovacionar y votar a los candidatos que otros han elegido. Por ello la formula para conjugar la elección de los candidatos con mejores virtudes -que no son sus conocimientos ni su curriculum, sino su capacidad para tomar decisiones difíciles y prevalecer para cumplir los objetivos políticos- y generar una ambición colectiva, es que los afiliados de base de los partidos tengan el protagonismo, que las cualidades que lleven a un candidato a ser elegido –en unas primarias- sean las que decidan los afiliados que fuesen, con dos fundamentales ventajas: si algún candidato tuviese algo que esconder, esto se sabría durante la celebración de las primarias (y no durante la elección o, aún peor, una vez elegido); y permitiría que demostrasen sus cualidades personales,  demostrando –desarrollando su capacidad de comunicación- que es capaz de ganar unas elecciones y realizando el rodaje necesario para la batalla electoral posterior.

La arrogancia es un fatal defecto humano, que desgraciadamente en política se evidencia con mayor fuerza. Un político debería de ser calificado como “el mejor” cuando finaliza el ejercicio de su cargo público, y no antes. Cuando un político se sabe necesitado de demostrar cada día que no lo tiene todo hecho, que debe explicaciones constantes ante quien le elige, y que este le premiará o sancionara con su voto, es cuando la calidad de la representación política eleva su calidad.

El nuevo tiempo en la política exige unos partidos políticos más abiertos en los que cualquier ciudadano pueda integrarse libremente y participar activamente, tanto en su funcionamiento interno cuanto en la elección de sus cargos internos y candidaturas a cargos electos; mediante procedimientos claros, transparentes y libres de obstáculos y de cualquier vestigio de arbitrariedad y resistencia, que imposibiliten constituir alternativa de personas e ideas distintas a las de quienes ocupan su dirección. Interpretar todo esto ejecutando un proceso de selección similar a un casting televisivo, es evidenciar no haber entendido nada de lo que ha pasado y que los partidos están para representar a los demás, no a ellos mismos.

24 de febrero de 2014

Los ciudadanos no son galeotes

Alguien se encarga de vez en cuando de rescatar el argumento de la falta de unidad de los asturianos como elemento coadyuvante que nos impide “triunfar”. Tal como acertadamente destacaba el editorial del periódico La Nueva España ayer domingo “la renovación que necesita la región nunca provendrá de la componenda, ni de las concesiones a la demagogia, ni de la bandería partidista, sino del esfuerzo, la integridad y el sacrificio de los dirigentes”.

El relativismo y la negación de la realidad –postergando el día del juicio- no lleva a ningún consenso sano. Y con ello sólo se consiguen acuerdos vacíos y pobres. Los acuerdos fundamentales y profundos de nuestra vida política democrática están perfectamente asentados, cuando menos, en los procedimientos que deben ser mínimamente cumplidos. Negar esto es tanto como abonarse a los postulados de que la transición española está inconclusa y permanente abierta. Esto hay que desterrarlo por completo, porque es tanto como sostener que nos falta un acuerdo mínimo ciudadano, una “unidad” que, en lo fundamental y básico ya existe y que como sostiene el editorial dominical de La Nueva España exige una “cultura política más ejemplar”.

Ahora bien, destacar ese carácter fundante y constituyente del acuerdo, como base de la vida política, no permite inferir que toda la vida política se reduzca al acuerdo, a la “unidad”. El acuerdo, el pacto, el consenso, la “unidad” es un momento del diálogo, no es ni su estado ideal, ni su conclusión. Es incompatible defender la unidad sistemática y a la vez abanderar la fluidez y el dinamismo de la vida humana. Por ello lo fundamental, lo principal, no es que los interlocutores se pongan de acuerdo en todo –ni en casi todo, ni siquiera en la mayor parte de los temas-, sino que respeten –y tengan permanentemente presente- el acuerdo básico, metapolítico, que hace posible el diálogo, que los convierte en interlocutores, en conciudadanos.

Y es que debemos de dejar de tratar a nuestra sociedad como una galera, donde unos reman y otros dirigen. La grandeza de nuestra sociedad actual estriba es que se mueve gracias a las millones de decisiones que cada uno de sus miembros toman día a día. Y es ahí donde encuentra su equilibrio: en que cada uno busca su propio interés llegan a acuerdos libres con otros, no remando como galeotes al ritmo que marque el cómitre. La demandada “unidad”, como fin en si mismo, es abono para la pereza política que deriva en obviar el esfuerzo de justificar la dirección hacia la que se pretende ir. La insistencia en la “unidad”  distrae la obligación de explicar y justificar que políticas se pretende implementar.

La confrontación es un elemento ineludible de la vida política. Ante una propuesta determinada, ante un proyecto, la masa social fácilmente se dividirá entre partidarios y detractores. Ni los asturianos ni los miembros de ninguna sociedad van a remar todos en la misma dirección. Apelar a esa situación idílica es una absoluta perdida de tiempo. Es más, de producirse sería catastrófico. 


Que ante una propuesta política aparezcan partidarios y detractores –o que haya personas que no saben o no contestan, o los que consideran una tercera o cuarta opción- no debe hacer caer en el error de denostarlo como apoyo argumental para mantener la pertinencia de la división entre izquierda y derecha. Todo lo contrario: desde un punto de vista de reivindicación del espacio político de Centro, este no se construye allanado la diversidad presente, sino más bien a base de ensanchar y expandir el espacio en el que nos hemos movido hasta ahora. Un nuevo espacio para dar más juego a los ciudadanos -que es de lo que se trata- y que obligue a un mayor compromiso para mejorar el futuro de Asturias, más allá de las aspiraciones a ejercer de cómitre de la unidad.

2 de noviembre de 2013

El gallinero

El sentimiento de vergüenza es el único posible ante la situación que se sigue manteniendo en el ámbito político de Asturias. Cada nueva noticia es un nuevo acto de esta interminable ópera bufa, ejecutada por actores que, amparados en sus organizaciones política, se guían por su afán revanchista, abrazando a su peor enemigo para poner el solfa sus más ancestrales y caducos prejuicios, con el único objetivo, ahora reforma electoral mediante, de ganar cotas de poder y aliarse con quien más le conviene. Dejaré para otra entrada de este blog entrar en profundidad sobre la reforma electoral propuesta. Lo que sí hay que dejar claro, para que el engaño no enraice, es que reforzar el sistema proporcional solo refuerza un sistema de políticos de partido que obedecen a la disciplina de partido. Refuerza, en definitiva, el sistema partidocrático, en el que algunos dijeron entraban a regenerar, y ahora dentro, pretende reforzar para habitar cómodamente en él. Refuerza, en definitiva, un sistema político jerárquico agotado, que contrasta con las demandas ciudadanas cada vez más extensas y con más formación e información, que dicen basta a que la delegación política se extienda sin que haya rendición de cuentas, y que reniega de adoptar una posición pasiva y resignada.

El resultado, por todos conocido, es la carencia de un liderazgo para administrar nuestro región, que nos priva de unas propuestas consistentes, que pone en evidencia la falta de criterio en cuestiones de fondo y una falta de perspectiva global muy notable, que pretende taparse con discursos basados en el victimismo exculpatorio característico de los acomplejados políticos, que procuran apartar de si cualquier culpa de la situación que vivimos. Entre acusaciones cruzadas de pactos incumplidos, lo único tristemente relevante es que Asturias y sus problemas siguen siendo ignorados.

Tal degradación de la vida política requiere de inmediato el establecimiento de un consenso que, primero, no debe substituir las responsabilidades propias ni la asunción de los errores cometidos y, segundo, no debe convertirse en objetivo único de la acción política. Desgraciadamente quienes fallan, ensimismados en sus cargos orgánicos, exudando personalismo, son los actores políticos de la región, que se niegan a que Asturias sea una sociedad abierta con debate plural. Una Asturias donde una sociedad horizontal, con más cercanía cognitiva, sea el actor determinante para solucionar los problemas de la región, ante el fracaso estrepitoso del actual modelo, que ha degradado el parlamentarismo y el dialogo que deben prevalecer. De nada sirven ahora los llamamientos a los encuentros y las reuniones, que sólo servirán para seguir constatando que no hay acuerdo. De poco sirve esa vía para, a renglón seguido, decirle al ciudadano que es el de en frente el que no quiere ponerse de acuerdo. Ante tan estrepitoso fracaso, el consenso se ha de generar en la propia sociedad, desde la base, como única vía para la regeneración.

Deben volver el discurso y la acción política para desterrar, de una vez por todas, este gallinero lleno de exabruptos, descalificaciones, insultos y de supuestas conspiraciones y contubernios. Debemos apartar de la vida política de nuestra región a todos aquellos que compartan la opinión de que "todo partido que está en una institución persigue el objetivo de ocupar el gobierno".

Un partido político no debe ser una organización volcada sólo en ganar las elecciones, y mucho menos una organización sustentada en la obsesión del desquite. Eso hay que rechazarlo completamente. Si uno se deja llevar por esas obsesiones ya no es capaz de pensar ni actuar libremente. Un partido político debe estar preparado para estar en el gobierno y también para estar en la oposición, y además de ser capaz de hacer oposición, también tiene que tener capacidad para llegar a pactos con el Gobierno. Si no se hace eso, se está creando una organización sin fundamento ni estructura que no puede ofrecer alternativas serias y creíbles. Para ello, un partido político debe ser una organización abierta, plural y dinámica, donde prime el debate abierto sobre la imposición del argumentario; donde el ejercicio libre de la política permita a todos competir abiertamente, desterrando las leyes de hierro que tan bien describió Robert Michels en el ya lejano 1911.

Si la situación actual, por poco que pueda gustar, ha puesto al PSOE en la tesitura de ocupar el Gobierno de Asturias, debe ejercitarla de manera seria y responsable bajo las premisas anteriormente expuestas tratando de darle una perspectiva global a los problemas y con el objetivo de dotar de estabilidad a la institución en la que se está ejerciendo la representación popular. Con igual objetivo, la oposición debe trabajar desde su posición en esa línea, tratando de mejorar las propuestas del gobierno con propuestas propias, complementarias, serias y, en cualquier caso, no destructivas. Pero sobre todo unos y otros, no deben ofrecerse como instrumento, ni ponerse en la situación de ser rehén, de los democristalinos y salvapatrias que pretenden quitar y poner a su antojo, según sea la contraprestación que reciban a cambio. Lo contrario reflejará desorden interno, ideas confusas y falta de proyecto, acrecentando el hartazgo de los asturianos, que contemplan este gallinero a garrotazos goyescos, este barco con una vía de agua con su tripulación en cubierta matándose a palos, mientras los problemas reales de la región siguen siendo ignorados.





26 de marzo de 2013

Otra política de internacionalización es posible... y necesaria

El Presidente de Asturias de visita en el Canal de Panamá
Concluía el pasado fin de semana la visita de nueve días de la misión comercial organizada por el Gobierno del Principado de Asturias con el sano propósito de abrir las puertas exteriores a las empresas regionales en centro-américa.

Colombia, Panamá y México se encuentran en los puestos más altos de la clasificación de las economías emergentes que despuntan en el mercado globalizado mundial, que la izquierda que gobierna esta región denosta de palabra predicando las "grandes calamidades" que provoca a la economía, mientras encabeza misiones comerciales para aprovechar las oportunidades que ofrece. Así es esta izquierda aturdida y sin rumbo, que brama por la defensa del carbón autóctono y a la vez viaja a Colombia -quinto exportador del mundo del carbón, que constituye el 85% de su comercio hacia el exterior- para ofrecerle el puerto de Gijón como puerta de entrada de sus productos a Europa.

La crítica a los viajes institucionales debe trascender de la simple crítica por el hecho de que la promueva al adversario político, y aportar una verdadera dimensión de su utilidad. La cuestión está en "el qué" o si lo prefieren el "para qué" de estos viajes institucionales en los que, es cierto, las empresas asturianas aprovechan para estrechar lazos comerciales. Esa es su función y esa visión global es la que Asturias necesita para dejar de estar ensimismada y mirar más allá de sus fronteras para buscar sus oportunidades.

Sin embargo el planteamiento sigue siendo erróneo. Un Gobierno como el de Asturias, con el sello de socialista, que predica que España precisa de un cambio de modelo económico y que critica, día si y día también, la burbuja inmobiliaria que nos trajo hasta aquí, no puede ir a vender ese modelo fracasado a las economías emergentes. Internacionalizar la economía asturiana no es buscar en el exterior una solución a lo que aquí ya no funciona como medida transitoria a su resurgimiento. Aquella "boyante" actividad económica basada en el ladrillo no volverá, o no debería volver, si es que realmente hemos asumido las enseñanzas de lo ocurrido en esta crisis.

En Asturias no podemos seguir en el "más de lo mismo". Nuestra región debe pasar página al modelo socialista de los últimos treinta años donde, pese a todos los esfuerzos y la mucha palabrería, hemos recorrido un lento camino de declive que nos ha traído a la cifra record de desempleo. Asturias debe configurar una nueva economía regional basada en el emprendimiento. Asturias debe ser emprendedora o no será. Y para alcanzar ese objetivo es imprescindible que ese nuevo modelo que pretendemos internacionalizar lo construyamos antes aquí, dejando de mirarnos el ombligo y, como dije antes, mirando hacia el exterior.

Asturias no es una región exportadora. Fuera de las cifras de las grandes empresas como ARCELOR, Asturiana de Zinc o Duro Felguera, entre otras, las exportaciones de las PYME asturianas están muy por debajo de la media europea. Y la media es mala: sólo un 25% de las PYME europeas exportan a países comunitarios y soló un 13% lo hace fuera de las fronteras de la Unión Europea.

No perder el tren de la internacionalización es un objetivo común. Pero para que eso suceda la internacionalización de nuestras empresas debe basarse en tres pilares fundamentales:
  1. Una política de clústeres donde empresa y Universidad vayan de la mano, dondel el I+D+i se enfoque a proyectos comunes de esos dos ámbitos y donde el clientelismo político deje paso a los criterios empresariales. La internacionalización está ineludiblemente vinculada con la innovación, a la innovación que debemos construir aquí, fusionando la potencialidad del mundo empresarial y el de la investigación, para escalar cotas en el mercado global.
  2. La política respecto a la Unión Europea es un aspecto inevitable cuando se habla de internacionalización. Nuestra presencia en Bruselas, con la megalomaníaca sede institucional provista de despacho presidencial, se ha circunscrito en exclusiva a la representación en el Comité de las Regiones. Las oportunidades que los diversos programas europeos ofrecen para la innovación y para la internacionalización para las empresas y para la Universidad asturiana deben focalizar la acción de nuestra representación, constituyéndose en un auténtico lobby asturiano.
  3. Los asturianos en el exterior deben ser nuestra cabeza de puente para internacionalizar nuestra Asturias emprendedora. Son nuestro mejor activo para conocer lo que ocurre y se prepara en el mundo globalizado en el que vivimos. Para ello debe establecerse un mecanismo permanente de contacto con todos esos asturianos repartidos por el mundo que acumulan una importante experiencia profesional y empresarial del más alto nivel, que nos ayudará a trazar las estrategias necesarias para que la región emprendedora que debemos ser, proyecte su potencial hacia el exterior.
El cimiento de esos tres pilares debe ser la implicación de la acción internacionalizadora de Asturias en la marca España como vía eficaz de penetración en los mercados exteriores, que a la vez pone al servicio de los exportadores e inversores la imagen de un país de excelencia en todos los ámbitos. Los tiempos de ejecutar acciones individualizadas, tanto en el mercado interior como en el exterior, han demostrado que lejos de ser eficaces, abren aún más la brecha territorial y económica de nuestro país. Cuando la situación del mercado interior, repartido en diecisiete territorios, resiente la propia economía nacional, similar atomización de las acciones internacionalizadoras suponen un esfuerzo estéril, y el dinero público destinado a ello un dispendio que no nos podemos permitir bajo ningún concepto.


6 de septiembre de 2012

¿Por qué un político debe tener sueldo?

¿Porqué un político debe tener sueldo?. Asistimos cada comienzo de legislatura a este debate que se hace público y que provoca no pocas tertulias entre la población. Creo que a nadie le cabe duda que los cargos públicos deben tener un sueldo y que, como le pasa a todo hijo de vecino, debe ganárselo. Es indudable que si una persona asume tal responsabilidad, debe tener un sueldo digno, que merece cualquier persona del mundo que trabaja todos los días y que está en un puesto de cierta importancia. Y ello porque el político con vocación no sólo esta entre los ricos, los jubilados, los funcionarios, los que no tienen oficio conocido o que no lo ejercen a pesar de que perciben contraprestación por ello, sino que está también, entre aquellos que trabajan y que viven de su trabajo y que carecen de horas para ejercicio de cargo público, asuntos propios, cifras con muchos ceros en el banco o mucho tiempo libre. Nos hemos acostumbrado a elegir a los que más tiempo tienen en detrimento de los mejores. 

El político debe tener sueldo. Un sueldo digno, como el que percibe cualquier persona que trabaja y que tiene necesidades que satisfacer. Pero también, y por tratarse de servidores del pueblo, elegidos por el pueblo y responsables del bien común del pueblo, deben asumir un compromiso de trabajo a cambio de ese sueldo. Un compromiso de los mejores que ofrezca un camino, un proyecto, y no limitarse a decir al pueblo lo que quiere oír; que trabajen en la política y no que vivan de la política. En definitiva, asumir el mandato ciudadano de gobernar, y de hacer oposición también, no sólo para realizar una mera y automática ejecución de la ley, sino para dirigir la comunidad política en orden al bien común.

¿Cuánto sueldo debe tener un político?. No cabe duda que el cargo público asume una alta responsabilidad, ejecutiva, legislativa, representativa y legal del pueblo y para el pueblo. Por ello, la cuestión está en determinar donde se acaba la dignidad del sueldo, que se propugna en estas líneas para el político, y donde empieza la inmoralidad de ese sueldo que percibe. Salario digno esta en el que político perciba en su trabajo de la "vida civil". Ni un euro más. La inmoralidad empieza cuando uno, por dedicarse a la política, triplica su salario, se sube el sueldo por encima de lo que sube el del común de los mortales o se equipara al funcionario de mas rango de la administración a la que representa. Esto no es caro ni barato, como algunos quieren hacernos ver, es una inmoralidad.

1 de septiembre de 2012

La sinrazón de que Asturias no acuda al Fondo de Liquidez Autonómico

Termina una semana más y seguimos sin noticias de como el Gobierno socialista de Asturias va a financiar los 423 millones de euros que el Parlamento regional habilitó a través de una Ley de endeudamiento para poder cerrar las cuentas del ejercicio 2012. Sigue empecinado el Ejecutivo asturiano en mostrar su convencimiento de que logrará la financiación necesaria por parte de la entidades bancarias para refinanciar la deuda que vence antes del 31 de diciembre y cumplir así con el objetivo del déficit fijado por el Gobierno de España y acordado en el seno del Consejo de Política Fiscal y Financiera.

El Gobierno socialista sigue tapándose los ojos ante la evidencia de que los mercados financieros están cerrados para la financiación de la deuda de las Comunidades Autónomas. La solicitud efectuada esta semana por la Generalitat de Catalunya para acogerse a la financiación del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) deja desarmado de argumentos al ejecutivo asturiano, que sigue en un discurso de autonomistas de campanario cuyo único cometido es hacer oposición al Gobierno de Rajoy. ¿Y Asturias que?.

Y es que unido al sinsentido de buscar en unos mercados financieros cerrados una financiación que no está disponible, está el hecho de que el FLA fue creado por el Gobierno de España con unas condiciones financieras muy favorables e imposibles de encontrar actualmente, por su bajo coste, en el mercado bancario. Por no querer dar explicaciones de la deuda que mantiene el Principado, este Gobierno está dispuesto a incrementarla con unos tipos de interés más elevados que los que ofrece el FLA a las Comunidades Autónomas que soliciten su ayuda financiera.

Pero lo más absurdo de la posición que mantiene el Gobierno del Principado, al no querer acudir al FLA y negociar con entidades bancarias la refinanciación del déficit y el vencimiento de la deuda, es que supone restar recursos de crédito bancario que deben estar a disposición de autónomos y PYMES. El PSOE no entiende que el crédito debe estar a disposición de la economía productiva, no de las administraciones públicas. Pero es difícil que entienda esta situación cuando ni tan siquiera ha logrado que una sola de las medidas de diversificación económica de la región que ha puesto en marcha en los últimos doce años, en que ha ostentado el Gobierno, haya tenido un resultado positivo. En lo que si puso todo su empeño fue en dedicarse a incrementar la deuda del Principado copando crédito bancario en su carrera sinsentido del grandonismo y el sobrecoste.

28 de agosto de 2012

La gran bonanza de las Antillas... Asturianas

Cuando Italo Calvino escribió en 1957 el cuento "La gran bonanza de las Antillas" trazo una alegoría de la política italiana basada en la historia de unos chicos que le piden a su tío Donald, que ha navegado junto al pirata Drake, que les cuente aquella ocasión en que se encontraron su barco y un galeón español en medio de una bonanza que impedía cualquier navegación. El relato describe como, ante la situación de calma y ésperando a que un elemento externo les sacara del paso para poder navegar, el capitán les dice que la verdadera batalla "estarse allí quietos, estudiando una vez más las grandes batallas navales de Su Majestad Británica, y el reglamento del manejo de las velas y el manual del perfecto timonel y las instrucciones para el uso de las culebrinas, porque las reglas del almirante Drake eran en todo y por todo las reglas de la flota del almirante Drake: si uno empezaba a cambiar, no se sabía donde...".

La alegoría de este cuento es fiel reflejo de la actual posición del Gobierno del Principado de Asturias. Anclado en sus "manuales" de lo bien hecho, de la mejor posición que dice tiene nuestra región, comparada con la del resto de Comunidades Autónomas para afrontar la crisis en la que nos hayamos inmersos (amparandose en el falso discurso de las balanzas autonómicas), se regodea en la bonanza para estarse quieto y seguir manteniendo que sus reglas son las mejores reglas para toda la flota y que sólo nos queda estarnos quietos estudiando lo bien que nos ha ido con ellas: si uno empieza a cambiar (piensan), no se sabe donde...

Es cierto durante los doce años de gobiernos socialistas Asturias no ha permanecido inmóvil. Pero no es menos cierto que esa misma etapa no ha sido de bonanza. No podemos definirlo así cuando nuestra región encabece la lista de crecimiento del desempleo, tiene la tasa la actividad más baja de España, ha perdido más de 4,2% del PIB, más de 4.000 autónomos han tenido que cerrar sus negocios desde 2008 y ha quedado de manifiesto que todas las medidas de diversificación de la actividad industrial y empresarial han fracasado.

En lo que sí conincide el término bonanza -como años más tarde Calvino refirió en una relectura de su cuento- es "en la atmosfera pesada, amenazadora, enervante de las bonanzas oceánicas para los barcos de vela", el impasse que se corresponde con el inmovilismo. El inmovilismo de un Gobierno que, anclado en su "normas de navegación de la flota" y sus "grandes batallas navales", se limita a mandarnos a los asturianos mensajes de "¡Buenos días! ¡Buenas noches! ¡Buen tiempo tenemos, eh!" y es incapaz de actuar para salir de esta falsa bonanza, centrado en hacer oposición al Gobierno de España y desechando el sentido de Estado, que el ahora enmudecido Presidente del Principado de Asturias prometió en su discurso de investidura, para mover el navio en las condiciones del momento.

1 de julio de 2012

Más impuestos, más gasto, más edeudamiento

El Gobierno de Asturias presentaba el pasado miércoles el plan econmómico-financiero que pretende que el Consejo de Política Fiscal y Financiera valide como instrumento para cumplir con el objetivo del déficit.

Nada se puede extraer de la lectura del comunicado del Presidente del Principado de Asturias en el que presentaba las líneas generales del plan, que permita hablar de rigor presupuestario y el control de gastos a fin de evitar el endeudamiento excesivo que prometía el PSOE en su programa electoral. Ninguna medida de calado para reorganizar un sector público autonómico mastodóntico, lleno de duplicidades y solapamientos y de organismos autónomos obsoletos.

En cambio, el plato fuerte del plan de ajuste es la subida de impuestos. En definitiva, el Gobierno socialista de Asturias ha preferido optar por un modelo fiscal que apuesta por un aceleración progresiva del gasto público basado en una gestión económica ajena a la eficacia y desprovista de ratios para evaluarla.

Nada permite atisbar un horizonte en el que Javier Fernández abandone la errónea identificación entre rentabilidad social de los servicios y la asunción de costes, y se instalen en la línea de prestar los servicios de la forma mas eficiente posible, orientándolos a la obtención del mayor bienestar, limitando los riesgos en la prestación, estableciendo sistemas de seguimiento y control que evalúen la eficacia y eficiencia que determine el sistema de gestión mas adecuado a cada servicio. De todo ello se deduce que este gobierno tripartito no tiene intención alguna de acometer la mejora de los métodos de gestión administrativa, y que de hacerlo lo hará de una manera simplista y pagando un excesivo tributo a sus mostrencas ideas acerca del mal funcionamiento de la maquinaria administrativa. Por ello, de nada sirve incrementar los recursos por la vía de los impuestos, si se dedican a mantener los desequilibros generados por inadecuados o inexistentes métodos de gestión.

Con descaro y elocuencia tratan de cargar el mochuelo a la Ley de Estabilidad Presupuestaria y al objetivo del déficit acurdado por el Consejo de Política Fiscal y Financiera. Es cierto que esta norma establece mecanismos estrictos en materia de endeudamiento. Pero lo cierto es que dicha norma no pone ningún límite a la aplicación de medidas de control del gasto público.

Sólo presentándose ante los ciudadanos con un programa de control de gasto serio, donde se evidencie la aplicación de la formula mas eficiente para su control y donde se establezcan criterios de simplificación, reducción de burucracia, elimianción de duplicidades, paralelismos y solapamientos y se actualicen los instrumentos de la administración a la situación real que vivimos, puede plantearse una subida de impuestos.

El hombre que al ser elegido Presidente del Principado, hace apenas un mes, llenaba su discurso de sentido de Estado y visión europea, se transforma ahora en un rancio autonomista que blande el estatuto en actitud cantonalista.

Poco parece importarle al Presidente de Asturias que, desde hace tiempo, las autoridades europeas tengan en su punto de mira a las autonomías por su falta del control del gasto. Se le ve infinitamente más preocupado en evitar admitir ante los asturianos que los despilfarros del pasado, hechos por su propio partido desde el Gobierno regional, conllevan un ajuste presupuestario de más de 500 millones de euros que traerá consecuencias para todos. Pero resulta infinitamente más cómodo apuntar a un culpable fuera de Asturias evitando asumir la responsabilidad de los gobiernos socialistas de los últimos doce años.

El resultado del Consejo Europeo que finalizo el pasado viernes ha sido beneficioso para España, tras haber alcanzado la práctica totalidad de los objetivos que llevaba en su agenda. Pero todos esos logros no servirán absolutamente para nada si no se pone fin a una admnistración autonómica hipertrofiada resultante del progreso y sus exigencias que se ha inoculado en la sociedad como derecho subjetivo irrenunciable a costa de más impuestos, más gasto y más endeudamiento.

No, a Asturias no le sirve aguantar hasta que escampe. No le vale seguir subiendo impuestos esperando a que todo se solucione para empezar a crecer. No. Se necesita austeridad, ahorro y eficiencia. Asturias tiene que crecer y hacerlo al mismo ritmo que el resto de España, pero el crecimiento tiene que hacerse sobre bases sólidas. Sobre un agujero nada se puede construir.

31 de mayo de 2012

Carta de una minera, trabajadora y madre

Hola Alejandro:

Veo muchos comentarios referentes al sector minero, el de por qué debe de continuar o por qué NO. Desde luego yo estoy totalmente a favor de su continuidad y se me ocurren mil motivos. Hemos escuchado durante muchos años, el cierre del carbón, que dicen que no es rentable, pero de ÉL no solo dependemos los trabajadores, ni sus familias, también dependen muchos negocios y muchos pueblos de las comarcas, así como Avilés, Gijón y Oviedo. 


Durante muchos años hemos esperado de las políticas de izquierdas muchas promesas referentes a estos temas, NINGUNA SE HA LLEVADO A LA PRÁCTICA, solo con el Gobierno de Aznar hemos tenido los mejores convenios y no hemos sabido, ni los regidores de la Región, ni los Alcaldes de las comarcas, ni los sindicatos, emplear el dinero de los fondos en lo que realmente deberían de ser invertidos, todo lo contrario, lo hemos tirado como quien tira los papelitos de las chocolatinas. 

Cuando hablan por aquí referente a los sueldazos de los mineros, tampoco es que se mienta mucho, cierto es que en las primeras pre-jubilaciones se han ido muchos con unas cantidades de dinero que cuanto menos escandalosas, hasta que desde luego se ha tenido que parar, muchos sin tan siquiera saber que es un pozo de mina por dentro, pero en honor a la verdad, hoy en día hay muchos mineros de interior que son mil euristas y entre el despilfarro de las políticas de izquierdas y luego los recortes de Zapatero, hay un término medio. 

Hoy, y es mi humilde opinión, y como vivo en un Estado de derecho Democrático lo digo, si las inversiones hubiesen servido para la diversificación, captura del CO2, aguas de minas, etc., quizás no extrajéramos carbón, pero con lo anteriormente dicho, se podrían mantener esos trabajos, ahorrando el precio desorbitado del cierre de pozos, y que en caso del chantaje gratuito del cierre de grifo del petróleo, del viento que deben de generar las eólicas y un gran etc., al tener nuestra propia reserva, no tendríamos que depender del resto de países y como he dicho se mantendrían los puestos de trabajo. 

Lo que es paradójico, es que haya quien busque invertir sus millones en las minas de carbón en Sudamérica y aquí las queramos cerrar, lo que tampoco es normal, es lo del Vitorino de León, que a través de los sindicatos ha conseguido que HUNOSA almacene su carbón para su propio beneficio y ahora haya carbón en las eléctricas para un montón de años y nosotros a verlas venir, pero nadie impidió que se hiciese, nadie nos movilizó, nadie paró a los alcaldes de las cuencas mineras, cuando cogían a manos llenas los fondos y encima ahora tienen que sanear sus Ayuntamientos (cuando creo yo, el dinero de los contribuyentes, si lo ahorraron en infraestructuras, como es que no cumplan los requisitos?). 

Se construyeron empresas, con el beneplácito de los partidos de izquierdas (PSOE e IU), que gobernaban en nuestra Región y el apoyo de los sindicatos, para invertir el dinero de los fondos a través de Marroquín, que se fue de rositas con un montón de millones desaparecidos y las dos empresas (Venturo XXI y Aluminium) en quiebra total y quien pago esos errores? LOS TRABAJADORES. 

Ahora salen, se reivindican, protestan (y no lo digo por los trabajadores, que creo están en todo su derecho, lo digo por los que he mencionado anteriormente, quienes manejaban todo el dinero) y se rasgan las vestiduras, que les vendría muy bien el título de la película “LOS SANTOS INOCENTES”, de vergüenza. 

Y por último, el que sigue hablando y no se calla, Almunia que seguro engordó veinte kilos con la satisfacción que le estamos dando con el problemón que tenemos todos los trabajadores. Los mineros, no necesitamos políticos, ni necesitamos sindicatos, nadie nos ha regalado lo que tenemos, con nuestro trabajo y con el riesgo que conlleva todo ello, lo que necesitamos es fuerza, juntarnos y luchar por lo que es nuestro, pero sin ser los palmeros de nadie, que no necesitamos Fondos, esos que lo inviertan en que todos sigamos en nuestros puestos y todos podamos llevar a nuestras casas un trozo de pan que darle a nuestros hijos. 

María Jesús

29 de mayo de 2012

Un motor con caballos de patas largas para Asturias


En 1987 el fabricante japonés HONDA ponía a la venta su modelo de motocicleta CBR 600F. La fábrica de Hamamatsu entraba así en una guerra comercial con las otras tres grandes marcas niponas (Kawasaki, Suzuki y Yamaha) en el segmento de las “16 válvulas”. Por entonces Dennis Noyes -hoy comentarista de los Grandes Premios de Motociclismo para Telecinco- ejercía de piloto probador y articulista para la revista Solo Moto 30, editada por Jaime Alguersuari Senior. La prueba del modelo dio como resultado un reportaje en su sección “Cinta americana” en la que Dennis ilustraba la diferencia entre los motores con caballos de patas largas y los motores con caballos de patas cortas que caracterizaban a los novedosos "multi-válvulas".

En esencia aquellos motores tenían una gama de potencia limitado a un abanico entre las 7.500 y las 10.500 revoluciones por minuto. Tenían una potencia de 85 caballos con patas cortas que requerían revolucionar el motor para obtener unas prestaciones artificiales para un motor de 600 centímetros cúbicos. Era el trote rápido y acelerado de un asturcón.

Frente aquellos motores estaban los que tenían caballos de patas largas. Tenían menos potencia nominal y no requerían elevar las revoluciones del motor hasta los cinco dígitos, teniendo un abanico de prestaciones más amplio desde regímenes más bajos que no comprometían ni la mecánica ni la seguridad. Era el trote de un caballo de raza española.

Sin menospreciar ninguna de las dos razas, pues sólo se citan a modo de ejemplo, España se ha convertido en un caballo de patas cortas, fruto de la negación, la posterior minimización y la falta de actuación ante una crisis que nos ha llevado a trotar aceleradamente en el convencimiento, por parte de quien nos gobernaba de que, derrochando energía en ese trote de patas cortas, nuestro país y nuestra economía saldría antes de la crisis.

La realidad se ha encargado de demostrar que ese derroche de energía, en forma de recursos públicos, sólo ha servido para agudizar aún más nuestros problemas en forma de déficit y que la solución no pasa por seguir revolucionando nuestro motor en nombre de un crecimiento acelerado de patas cortas, sino que debemos afianzar nuestra cabalgada haciendo girar nuestro motor en un abanico amplio y real de funcionamiento, aprovechando los recursos públicos con eficiencia, con unas bases solidas basadas en la austeridad y las reformas estructurales, como un motor con caballos de patas largas.

Asturias afronta su “convocatoria de septiembre” ante el Consejo de Política Fiscal y Financiera en el que debemos presentar un plan económico-financiero creíble que ajuste 616 millones de euros en el presupuesto regional. Ello obliga al nuevo Gobierno de Asturias a administrar su pasado más reciente, con una verdadera cura de humildad, que debe llevarle a reconocer la realidad -en un acto de honestidad- de que el tiempo del sistema clientelar, mastodóntico y despilfarrador, que en doce años construyeron los gobiernos socialistas en nuestra región, ha pasado. Ha pasado el tiempo del motor con caballos de patas cortas.

25 de mayo de 2012

¿Un Gobierno estable?

Presidencia del Gobierno de Asturias
El recién elegido Presidente del Principado de Asturias ha dado a conocer esta tarde la composición del Gobierno que encabezará en los próximos tres años.

Tras conocerse ayer noche el resultado de la consulta hecho por IU a sus bases, que decidieron que la coalición no formase parte del Gobierno, salta hoy por los aires la supuesta unión y estabilidad de la izquierda que sirvió  a  UPyD para inclinar su voto hacia un tripartito parlamentario, que ni está unido ni es estable.

IU ha dejado claro que entrar ahora en el Gobierno les convierte en cómplices de los ajustes que tendrán que aplicarse en las cuentas de nuestra región para cumplir con el objetivo del déficit fijado para todas las comunidades autónomas. Quieren, en definitiva, mantener su independencia de criterio para seguir viviendo en otro planeta y alejados de la realidad de nuestra región, de nuestro país y de nuestra posición en la Unión Europea.

UPyD se apresuró hoy a reafirmar su compromiso con los socialistas, en clara manifestación de la debilidad que ya muestra ese pacto de estabilidad que con amplias sonrisas firmaban Javier Fernández (PSOE) e Ignacio Prendes (UPyD) hace poco más de una semana. La posición de IU es inmovilista e intransigente con gran parte de los acuerdos a los que llegaron socialistas y magentas, y no está dispuesta a dar su voto para reducir ni un sólo euro del despilfarro que durante años se ha producido en Asturias. De eso no les importó ser cómplices entrando a formar parte del Gobierno.

Por si todo esto fuese poco para demostrar que en la izquierda también hay desunión -y de paso que no existe la pretendida socialdemocracia de Rubalcaba (ya no se hacen llamar socialistas)- el Gobierno anunciado esta tarde por Javier Fernández reafirma que las chispas empezaran a saltar antes de lo que ellos esperaban y los asturianos pueden soportar. Un Gobierno alimentado directamente por el sindicato SOMA-FIA-UGT (no en vano Fernández procede de este sindicato minero socialista). El sindicato que se ha encargado de mantener su cuota en los Gobierno socialistas que practicaban el seguidismo con los Gobiernos de González y Rodríguez Zapatero. El sindicato que cuando el contador de nubes levantaba el puño en Rodiezmo, mientras que con la otra mano firmaba los cierres de pozos mineros, miraban para otro lado y le hacían la ola. El sindicato que ahora se rasga las vestiduras y a golpe de barricada pretende buscar una solución a la minería asturiana, mientras durante estos años fue colaborador necesario de que los fondos asignados no se destinasen a la mejora de la producción del carbón, y que ello redundase en hacer viables las explotaciones sin ayudas públicas.


Esta era la única opción posible que, en palabras de Rosa Díez, UPyD podía escoger. Como el lema de aquella campaña de promoción turística del País Vasco, habría que decirle a Doña Rosa: "ven y cuéntalo".

Con todo, el Presidente de Asturias ya muestra síntomas de contradicción a pocas horas de tomar posesión de su cargo. Si el pasado miércoles lanzaba el guante al Partido Popular, construyendo un discurso de Estado, para que colaborase en procurar que los ajustes necesarios fuesen lo menos traumático posible para nuestra región, pidiendo la mediación con el Gobierno de España; se descuelga hoy con un Gobierno alimentado por el sindicato que opta por la barricada como único recurso. 

El Partido Popular ha recogido ese guante, pero Fernández debe tener claro que el apoyo es para aplicar los ajustes y ejecutar políticas serias, no para ser su coartada si pretende ser rehén del SOMA-FIA-UGT y las barricadas.



19 de mayo de 2012

¿Por qué ha suspendido el Plan Económico-Financiero de Asturias en el Consejo de Política Fiscal y Financiera?


El plan presentado por el Gobierno de Cascos ante el Consejo de Política Fiscal y Financiera ha suspendido porque no era un plan de ajuste, sino un ahorro ficticio de 500 millones basado en la baja liquidez de las arcas regionales.

Cascos firmó el decreto de prórroga presupuestaria sin incluir autorización para el endeudamiento. Ello provocó un atasco de pagos pendientes y carencia de recursos de endeudamiento que llevó a que se nos vendiera que 500 millones estaban bloqueados por esta situación. Con el parlamento regional disuelto, Cascos trató de culpabilizar a la oposición presentando una ley de endeudamiento que pretendía le aprobase la diputación permanente. De locos.

La trampa del plan de ajuste de Cascos fue incluir esos 500 millones como ahorro al final del ejercicio 2012 y cumplir con ello el objetivo de déficit del 1,5 %. Una autentica ficción, un bulo construido con tal detalle que llevó al Gobierno regional a afirmar, con todo su desparpajo y elocuencia, que Asturias gozaba de un cómodo superávit. 

Todo un camelo sin amparo en la realidad que se trato de vestir con medidas como la eliminación de teléfonos y chóferes y adornado por la planificación del cierre de algunos entes del sector público que han sufrido las inquinas del Gobierno en estos diez meses. Basta con leerse los planes económicos-financieros del resto de comunidades autónomas para apreciar la sustancial diferencia y concluir el porqué de nuestro suspenso. En una situación de estado electoral permanente, Cascos miró antes por sus réditos electorales que el beneficio de Asturias, y no sólo incumplió su programa de las elecciones de mayo de 2011, sino que ocultó a los asturianos la situación real de las arcas asturianas.