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18 de febrero de 2016

El problema no es el acero chino, el problema es nuestra regulación

“Cada regulación es una restricción de la libertad; cada regulación tiene un costo”.
Margaret Thatcher


Como ya he escrito en otras ocasiones, la competencia se ha convertido en un anatema impronunciable en una Asturias donde, los socialistas de todos los partidos, fían los avances civilizatorios del Estado del bienestar al viejo binomio votos cautivos/paz política -tan propio de las burocracias estatales- en lugar de al coste/beneficio enfocado desde el aspecto económico y social e inspirado en la lógica implacable del mercado. Cada vez que en nuestra región se produce algún atisbo de que esa lógica implacable del mercado cumple su función depurativa sobre las ineficiencias del funcionamiento del tejido productivo que debe sostener nuestra economía regional, queda claramente a la vista la orfandad en la que se encuentran los principios de menos Estado, más mercado, menos gasto y menos impuestos. En definitiva, queda en evidencia que el contenido de nuestros bolsillo, fruto de nuestro ahorro y nuestro trabajo, carece de defensa y se supedita a una falsa defensa del interés general.

24 de diciembre de 2014

Reindustrializar con innovación, no con subvención

Son prácticamente diarios los titulares haciendo llamadas y abogando por la reindustrialización como elemento catalizador para la salida de la crisis. De los tiempos en los que la industria española suponía el 34% del PIB, hemos pasado a que apenas sea un 14%. Demasiado tiempo --y demasiado dinero público-- ha costado caer en la cuenta que al formular el paradigma de la sociedad de servicios, sobre el que se asentaron los planes de reconversión y reactivación de sectores productivos como el carbón y el acero, se obvió que una sociedad de ese tipo sólo es posible cuando se apoya en una sólida actividad industrial, confiando su éxito --ahora demostrado sonoro fracaso-- a la eterna dependencia de la subvención; sin que su milmillonaria presencia haya logrado revertir la decadencia continua, allí donde los monocultivos estatistas deberían haber sido sustituidos por diversificación de la estructura productiva hacia segmentos intensivos en conocimiento, con mano de obra muy especializada y preparada para trabajar en sectores de alta tecnología y fuerte crecimiento.